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lunes 9 de noviembre de 2009

Padre Nuestro que estás en los Cielos…


Padre Nuestro que estás en los Cielos… Yo te suplico, oh Padre Celestial, perdona a las pobres almas del purgatorio porque ellas no te han amado como su Señor y Padre que por Tu amor y generosidad habías acogido como hijas, y no Te han rendido ese amor que Te correspondía, sino que con el pecado Te han echado de su corazón, donde Tu querías habitar para siempre. En reparación de esas culpas yo te ofrezco ese amor y ese honor, que Tu Unigénito Hijo Te ha tributado durante su vida terrenal, y todas las obras y las penitencias y las reparaciones con las que Él ha lavado y expiado todas las culpas de los hombres. Amén.


Santificado sea tu nombre… Yo te suplico incesantemente, Clementísimo Padre, perdona a las pobres almas, porque ellas no siempre han sabido respetar y honrar Tu Santo Nombre, sino que a menudo lo han tenido irreflexiva y superficialmente en los labios y con una vida pecaminosa se han hecho indignas del nombre de cristianas. En satisfacción de estos pecados yo Te ofrezco el honor que Tu amado Hijo Te ha dado en la tierra con su Palabra y acciones y ha glorificado Tu nombre. Amén.


Venga a nosotros tu reino… Yo te ruego oh, Clementísimo Padre, perdona a las pobres almas porque ellas no siempre han deseado ardientemente Tu Reino, donde solo está la verdadera paz, el verdadero descanso. En reparación de la superficialidad en realizar el bien, yo Te ofrezco los santos anhelos de Tu Hijo, con los cuales El busca, desea y quiere que ellas también sean coherederas de Tu Reino. Amén.


Hágase Tu voluntad en el Cielo como en la tierra… Yo Te ruego, Clementísimo Padre, perdona a las pobres almas, porque ellas no han sometido su voluntad a la Tuya y no siempre han tratado de realizarla en todas las cosas, sino que a menudo han vivido según sus gustos, a su manera, han obrado y se han comportado contra Tu querer. Por su desobediencia yo Te ofrezco una perfecta unión del corazón muy querido de Tu Hijo con tu Santísima Voluntad y su profunda sumisión, habiendo sido Él obediente hasta la muerte. Amén.


Danos hoy nuestro pan de cada día… Yo Te ruego, Padre Bueno, perdona a las pobres almas porque ellas han recibido muchas veces el Santísimo Sacramento del Altar sin un vivo deseo, sin atención, sin ardiente amor y hasta indignamente, y con gran descuido al recibirlo. Por todos estos pecados suyos yo Te ofrezco la gran Santidad y Devoción de Jesucristo, Hijo Tuyo, como también su ardiente Amor, con el cual nos ha entregado este bien tan adorable. Amén.


Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden… Yo Te ruego, amadísimo Padre, perdona a las pobres almas del Purgatorio todos los pecados de los cuales están cargadas, de los siete pecados capitales, y sobre todo, porque ellas no han amado a sus enemigos y no los han querido perdonar. Por estos pecados yo Te ofrezco, la amorosa plegaria, que Tu Hijo Te ha dirigido desde la Santa Cruz por todos sus enemigos. Amén.


Y no nos dejes caer en la tentación… Yo Te ruego, clementísimo Padre, perdona a las pobres almas porque ellas muchas veces no han opuesto ninguna resistencia a las tentaciones y a sus pasiones sino que han seguido al enemigo maligno y han satisfecho los deseos de la carne. Por toda esta variedad de faltas y pecados yo Te ofrezco su Santísima Vida, sus fatigas, su trabajo y su amarguísima Pasión y Muerte. Amén

viernes 6 de noviembre de 2009

AQUI ESTOY YO




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miércoles 4 de noviembre de 2009

(Diario de Santa Faustina #1226)

(Diario de Santa Faustina #1226): “Hoy, tráeme a las almas que están en la cárcel del Purgatorio y sumérgelas en el abismo de Mi misericordia. Que los torrentes de mi sangre refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por Mí. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a Mi justicia. Está en tu poder llevarles alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de Mi Iglesia y ofrécelas en su nombre... Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con Mi justicia.

ORACIÓN PARA ALCANZAR LA GRACIA DE EJERCITAR LA MISERICORDIA HACIA EL PRÓJIMO.


ORACIÓN PARA ALCANZAR LA GRACIA DE EJERCITAR LA MISERICORDIA HACIA EL PRÓJIMO. ¡ Deseo transformarme en tu misericordia, y ser un vivo reflejo de Ti, Oh Señor !. Que este más grande atributo de Dios, es decir, su misericordia; pase a través de mi corazón y mi alma hacia el prójimo. -Ayúdame Señor; a que mis ojos sean misericordiosos para que yo jamás sospeche o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle. - Ayúdame Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos. - Ayúdame Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás critique a mi prójimo, sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos. - Ayúdame Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí, las tareas más difíciles y penosas. - Ayúdame Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo. - Ayúdame Señor, a que mi corazón sea misericordioso, para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie rehusaré mi corazón. Seré sincero incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad. Yo mismo me encerraré en el Misericordiosísimo Corazón de Jesús. Soportaré mis propios sufrimientos en silencio. Que tu misericordia Oh, Jesús, repose dentro de mí. Jesús mío, ¡Transfórmame en Ti, porque Tú lo puedes todo !

viernes 30 de octubre de 2009

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,



Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario
Cristo Rey.
Hoy es la fiesta de cristo Rey [185].
500 Durante la Santa Misa rogué con fervor que Jesús sea el Rey de todos los corazones, que la gracia de Dios resplandezca en cada alma. Entonces vi a Jesús, tal y como está pintado en esta imagen, diciéndome estas palabras: Hija Mía, Me rindes la mayor gloria cumpliendo fielmente Mis deseos.
Comentario:
Si decimos que Cristo es Rey, debe ser Rey primero de nuestros propios corazones. Entonces el Señor se sentirá muy feliz de que le obedezcamos en todo, porque ¿qué súbdito se puede permitir el no obedecerle a su rey? Y la obediencia debe estar más en las obras que en las palabras, porque a veces hablamos mucho pero no obramos de acuerdo a lo que hablamos. Ya lo dice Jesús en el Evangelio que no todo el que le diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad del Padre que está en el Cielo. Y esta voluntad del Padre se manifiesta en los Diez Mandamientos, en las enseñanzas del Evangelio, en lo que enseña la Iglesia a través del Papa y los Obispos en comunión con el Papa, en los deberes de nuestro propio estado, en seguir las inspiraciones de la gracia y la vocación a la que Dios nos llama, y también en la voz de nuestro director espiritual y nuestros superiores. Si obedecemos estas voces, entonces estaremos cumpliendo la voluntad de Dios y Cristo realmente será el Rey de nuestros corazones y nos salvaremos e iremos al Cielo a gozar de Dios por toda la eternidad.
Jesús, en Vos confío.

martes 27 de octubre de 2009

Quince minutos con Jesús Misericordioso



Quince minutos con Jesús Misericordioso


Jesús lo puede todo
Jesús querido, te amo con todo mi corazón. Sé que tú lo puedes todo porque eres Dios, el Dios infinitamente misericordioso que quiere solo el bien para sus criaturas, y especialmente para los que te aman, y yo te amo. Señor, defiéndeme de los enemigos que me cercan y me acechan. Yo quiero confiar cada vez más en ti, porque si tú eres todopoderoso, y me amas, y yo te amo, ¿qué debo temer? ¡Nada! Porque si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? dice la Escritura. Así Señor que quiero confiar ciegamente en ti y abandonarme en tus brazos amorosos, y caminar por la vida tomado de tu mano como un niñito pequeño de la mano de su padre. Jesús, tú lo puedes todo, pero si no rezo, no puedes actuar, porque te ato las manos. Entonces ayúdame a rezar cada vez más, con más insistencia, sabiendo que todas las gracias y dones me vienen a través de la oración frecuente. Jesús, sé que la perseverancia en el bien y en tu gracia es un don que tú concedes por misericordia. Quiero entonces ser muy devoto de tu infinita misericordia para que en el momento de mi muerte yo repose tranquilamente en tus brazos como tú mismo lo has prometido a los que confían en tu misericordia. ¡Te amo, Señor mío!

lunes 26 de octubre de 2009

Oración – plegaria


Oración – plegaria

¡Señor! Lo más importante no es:
Que yo te busque, sino que Tú me buscas en todos los caminos.
Que yo te llame por tu nombre, sino que Tú tienes el mío tatuado en la palma de tus manos.
Que yo te grite cuando no tengo ni palabra, sino que Tú gimes en mí con tu grito.
Que yo tenga proyectos para ti, sino que Tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro.
Que yo te comprenda, sino que Tú me comprendas en mi último secreto.
Que yo hable de ti con sabiduría, sino que Tú vives en mí y te expresas a tu manera.
Que yo te guarde en mi caja de seguridad, sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano.
Que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, sino que Tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas.
Que yo trate de animarme, de planificar, sino que tu fuego arde dentro de mis huesos.
Porque, ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte... si Tú no me buscas, llamas y amas primero? El silencio agradecido es mi última palabra, y mi mejor manera de encontrarte.