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martes, 24 de noviembre de 2009

¿Dónde está Jesús?


¿Dónde está Jesús?
A veces nos sucede como les sucedió a la Virgen y a San José, que perdemos de vista a Jesús y lo buscamos desesperadamente. Pero Jesús, cuando lo encontramos, nos dice como a ellos: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?”. Así debemos tener en claro que cuando sentimos la ausencia de Dios en nuestras almas a pesar de estar en gracia de Dios, es que Jesús se ha marchado a hacer las cosas de su Padre, que no es otra cosa que prepararnos una morada hermosa en el Cielo, por medio del sufrimiento que experimentamos en ese momento. Confiemos en Jesús, que no quiere nuestro mal, sino que crezcamos en santidad. Generalmente cuando nos sentimos desconsolados es porque Jesús ha usado nuestro consuelo en aliviar a otras almas; cuando sufrimos algo, el Señor utiliza eso que no nos da a nosotros para consolar a otros hermanos. Así nada se pierde en la economía de la salvación, ¡y qué felices seremos cuando comprendamos que de nuestro dolor brota el consuelo y el bien para tantos prójimos! Pero como Jesús es Bueno, no nos deja mucho tiempo en esos estados, sino que nos visita con su amor y bondad y vuelve a brillar más fuerte el Sol divino en nuestras almas.
Jesús, en Vos confío.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Dije una oración por ti


Dije una oración por ti
Dije una oración por ti hoy: Y se que Dios debió haberla escuchado,Pues sentí la respuesta en mi corazón, Aunque no me habló.
No le pedí fortuna ni fama, (sabía que eso no te importaría). Le pedí que te enviara tesoros,De los que duran para siempre; Le pedí que estuviera cerca de ti,Al comenzar cada día, Que te bendijera te diera salud, Y amigos para que caminaran contigo, También le pedí felicidad en las cosas chicas y grandes. Pero sobre todo que no te aparte de su gran AMOR. ¡SE FELIZ DIOS TE AMA

No poner obstáculos a la Gracia


No poner obstáculos a la Gracia
Hay Santos muy sobresalientes y otros más comunes. Son como las flores, hay rosas exuberantes y hay también conejitos y violetas, pero todo radica en que cada una de ellas cumpla con su misión y su naturaleza, y así cada uno de los santos debe ser fiel a la gracia de Dios y no poner obstáculos a dicha gracia, entonces serán las flores que Dios proyectó en su pensamiento. Hay un buen ejemplo que le da la hermana de Santa Teresita a la santa y es que dos vasos de distinto tamaño, si ambos se llenan de agua hasta el tope, estarán ambos llenos, cada cual a su medida. Así también debe suceder con nosotros. No miremos si alguien es más o menos santo que nosotros, sino que nosotros tratemos de ser santos según nuestra medida y sigamos fielmente la voluntad de Dios para que nos moldee y llene de sus gracias y dones según nuestra capacidad y naturaleza. Recordemos que Dios nos creó y nos quiere santos. Si Él nos manda esto, es porque es posible realizarlo con su ayuda.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Nuestro Señor Jesucristo nos llama a la confianza


Nuestro Señor Jesucristo nos llama a la confianza
Voz de Cristo, voz misteriosa de la gracia que resuenas en el silencio de los corazones, tú murmuras en lo más hondo de nuestras conciencias palabras de dulzura y de paz. A nuestras presentes miserias repites aquella palabra que el Maestro pronunciaba tan frecuentemente durante su vida mortal: “¡Confianza, confianza!”
Al alma culpable, oprimida bajo el peso de sus faltas, Jesús decía: “Confía, hijo, tus pecados te son perdonados”. “Confianza”, decía también a la enferma abandonada que sólo de Él esperaba la cura, “tu Fe te ha salvado”. Cuando los Apóstoles temblaban de pavor viéndole caminar en medio de la obscuridad sobre el lago de Genesaret, Él los tranquilizaba con esta expresión que les restablecía la paz: “Tened confianza, soy Yo, no temáis”. Y en la noche de la Cena, conociendo los frutos infinitos de su Sacrificio, Él profería, al partir hacia la muerte, ese grito de triunfo: “¡Confiad! ¡Confiad! ¡Yo he vencido al mundo!”
Al salir de sus labios adorables, vibrante de ternura y de piedad, esta palabra divina operaba en las almas una transformación maravillosa. Un rocío sobrenatural les fecundaba su aridez, rayos de esperanza les disipaban las tinieblas, una tranquila serenidad ahuyentaba sus angustias. Porque las palabras del Señor “son espíritu y son vida”. “Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.
Como otrora a sus discípulos, es ahora a nosotros, a quienes nuestro Señor invita a la confianza. ¿Por qué rehusaríamos oír su voz?

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,



Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario
Jesús es la Belleza.
501 Oh, qué grande es Tu belleza, Jesús, Esposo mío, Flor viva, vivificante, en la que está encerrado el rocío que da la vida al alma sedienta. En Ti se sumergió mi alma. Tú solamente eres el objeto de mis aspiraciones y de mis deseos, úneme lo más estrecho posible a Ti y al Padre y al Espíritu Santo para que viva y muera en Ti.
Comentario:
Dios ha mostrado un ángel de los más comunes a una gran mística, María Valtorta, y ella dice en su relato que comparado con el resplandor y bellezas del ángel, todo el universo creado es menos que nada. ¡Qué será entonces ver al mismo Jesucristo glorificado! Él es Dios, es la Belleza infinita, y en el Cielo gozaremos de su visión para siempre. ¡Qué felices seremos en el Cielo junto a Dios y a todos los santos y ángeles! Ya desde este mundo, si rezamos mucho y tratamos de ser buenos, veremos a Dios y lo contemplaremos, quizás no en éxtasis como muchos santos, pero sí tendremos una intuición de lo hermoso que es Dios. Y cuanto más puros y buenos seamos, tanto más Dios se nos irá mostrando a nuestro entendimiento y quedaremos perdidamente enamorados de Él.
Jesús, en Vos confío.

martes, 17 de noviembre de 2009

SIN JESUS NO SOMOS NADA



Quince minutos con Jesús Misericordioso
Sin Jesús somos nada
Jesús Misericordioso sé que sin tu ayuda, que sin ti, soy menos que nada y no puedo hacer nada por mi cuenta. Porque San Pablo dice que si tú no das la gracia ni siquiera se puede decir “Cristo es el Señor”. Y yo lo compruebo esto a cada paso, porque cuando tú no me sostienes, caigo miserablemente y comprendo mi debilidad en todo. Es que a veces creo que soy “algo” y me quiero valer por mí mismo, olvidándome que solo tú eres el que sostienes al alma, y sólo tú eres el que puede vencer a Satanás, que es más fuerte que nosotros, los hombres. Señor, que yo sea humilde y recurra a ti en todo. Que ya no pueda vivir sin ti y que te invoque a cada momento con la oración frecuente, con jaculatorias y con pensamientos de amor hacia ti, porque sé que sin ti soy menos que nada y no conseguiré salvarme ni santificarme. Además te pido la gracia de confiar cada vez más en ti, Jesús, que eres la Bondad infinita, porque a veces me dejo llevar por la desconfianza y sé que eso es lo que más hiere tu Corazón. Ayúdame, Señor, a ser confiado en ti y a abandonarme en tu Providencia amorosa. ¡Te amo, Jesús mío! Y te doy gracias porque sé que me amas infinitamente.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Cuando las horas de desaliento te invadan,


Cuando las horas de desaliento te invadan,
el alma y las lagrimas afloren en tus ojos,
BÚSCAME:
Yo soy aquel que sabe consolarte y pronto
pronto se detendrán tus lágrimas. Cuando
desaparezca tu animo para luchar en las
dificultades de la vida, o sientas que estas
pronto a desfallecer,
LLÁMAME:
yo soy la fuerza capaz de remover las piedras
de tu camino y sobreponerte a la adversidad
del mundo,
CORRE JUNTO A MI:
Cuando sin clemencia te encontraras, que no
tengas donde recostar tu cabeza, yo soy el
refugio, en cuyo seno tendrás guarida para
tu cuerpo, tranquilidad para tu espíritu,
INVÓCAME:
Yo soy la paciencia, que te ayudara a vencer
las dificultades mas dolorosas y triunfar en
las situaciones mas difíciles. Cuando te debatas en los misterios
de la vida y tengas el
alma golpeada por los obstáculos del camino,
GRITA POR MI:
Yo soy el bálsamo que cicatriza tus heridas y
alivia tus padecimientos, cuando el mundo te
haga solo falsas promesas y creas que nadie
ya puede inspirarte confianza,
VEN A MI:
Yo soy la sinceridad que sabe comprender a la
franqueza de tus actitudes y la nobleza de tus
ideas, cuando la tristeza o la melancolía intente
albergar en tu corazón,
CLAMA A MI:
Yo soy la alegría que te infunde un aliento nuevo
y te hará conocer los encantos de tu mundo interior;
cuando uno a uno se destruyan y te sientas desesperado,
APELA A MI:
Yo soy la esperanza que te llena de FE cuando la
impiedad te revele las faltas y la dureza del corazón humano te confunda,
DIRÍGETE A MI:
Yo soy el perdón que te levanta el animo y promueve la rehabilitación de tu alma cuando dudes de todo hasta de tus propias convicciones,
RECURRE A MI:
Yo soy la FE que te inunda de luz y de entendimiento para que
alcances la felicidad cuando ya nadie
te tienda la mano,
ACÉRCATE A MI:
Yo soy quien te dejara ver la ingratitud del mundo
y su incomprensión, y cuando al fin quieras saber
quien soy, pregúntale al río que murmura, al pájaro
que canta a las estrellas que titilan ellos te dirán
que soy: EL AMOR (DIOS) Porque Dios es Amor

jueves, 12 de noviembre de 2009

Escuchadle.


Escuchadle.
En las bodas de Caná, la Virgen les dice a los servidores: “Hagan todo lo que Él les diga”; y en la Transfiguración, el Padre Eterno les dice a los Apóstoles: “Escuchadle”. Así que no tenemos excusa para no seguir la palabra de Jesús, ya que Dios y la Virgen nos dicen que le obedezcamos en todo.
¿Cuánto hace que no leemos y meditamos el Evangelio? Porque es en el Evangelio donde está la palabra de Jesús y las enseñanzas que debemos grabar a fuego en nuestras almas para llevarlas a la práctica en la vida de cada día. En el Evangelio encontraremos respuesta para todo y si lo leemos frecuentemente, se nos irán grabando sus máximas y podremos responder todas las cuestiones que los ateos o descreídos nos hagan sobre nuestra fe.
Hagamos el firme propósito de leer todos los días unas páginas del Evangelio, de corrido, y al terminar volver a comenzar, ya que siempre encontraremos nuevos sentidos que podremos aplicar en nuestra vida cotidiana.
Antes de leerlo y meditarlo es necesario que invoquemos al Espíritu Santo con la siguiente oración: “VEN ESPÍRITU SANTO, VEN POR MEDIO DE LA PODEROSA INTERCESIÓN DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA, TU AMADÍSIMA ESPOSA”, ya que esta oración la enseñó la misma Virgen para invocar al Espíritu que todo lo ilumina.
Dejemos de lado tanta televisión y lectura de libros inútiles o nocivos, y leamos más el Evangelio, así estaremos cimentando nuestra casa sobre roca como el hombre prudente de la parábola, para que cuando vengan los problemas y cruces de la vida estemos preparados para enfrentarlos y salir victoriosos de las pruebas que la vida nos ponga en el camino.

Mensaje de Misericordia



Mensaje de Misericordia
María.
No podemos hablar de Misericordia de Dios sin hablar de María, Madre de la Misericordia, pues Ella es la Madre de Jesús que es la misma Misericordia divina. Y así como María es la Mediadora de todas las gracias, así también María nos obtiene la gracia de la misericordia de Dios para nuestras almas y para el mundo entero. La forma más segura de obtener la misericordia de Dios, es ir a los pies de María, ya que así la obtendremos infaliblemente y en grado superior. Si entendiéramos por un momento lo que es María para Dios, lo que es María para los hombres, quedaríamos perdidamente enamorados de Ella y no podríamos ya separarnos de su lado y amarla con todo el corazón. Vayamos a María si queremos obtener misericordia del Altísimo. María nos lleva a Jesús, y Jesús nos lleva a María.
Jesús, en Vos confío.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Padre Nuestro que estás en los Cielos…


Padre Nuestro que estás en los Cielos… Yo te suplico, oh Padre Celestial, perdona a las pobres almas del purgatorio porque ellas no te han amado como su Señor y Padre que por Tu amor y generosidad habías acogido como hijas, y no Te han rendido ese amor que Te correspondía, sino que con el pecado Te han echado de su corazón, donde Tu querías habitar para siempre. En reparación de esas culpas yo te ofrezco ese amor y ese honor, que Tu Unigénito Hijo Te ha tributado durante su vida terrenal, y todas las obras y las penitencias y las reparaciones con las que Él ha lavado y expiado todas las culpas de los hombres. Amén.


Santificado sea tu nombre… Yo te suplico incesantemente, Clementísimo Padre, perdona a las pobres almas, porque ellas no siempre han sabido respetar y honrar Tu Santo Nombre, sino que a menudo lo han tenido irreflexiva y superficialmente en los labios y con una vida pecaminosa se han hecho indignas del nombre de cristianas. En satisfacción de estos pecados yo Te ofrezco el honor que Tu amado Hijo Te ha dado en la tierra con su Palabra y acciones y ha glorificado Tu nombre. Amén.


Venga a nosotros tu reino… Yo te ruego oh, Clementísimo Padre, perdona a las pobres almas porque ellas no siempre han deseado ardientemente Tu Reino, donde solo está la verdadera paz, el verdadero descanso. En reparación de la superficialidad en realizar el bien, yo Te ofrezco los santos anhelos de Tu Hijo, con los cuales El busca, desea y quiere que ellas también sean coherederas de Tu Reino. Amén.


Hágase Tu voluntad en el Cielo como en la tierra… Yo Te ruego, Clementísimo Padre, perdona a las pobres almas, porque ellas no han sometido su voluntad a la Tuya y no siempre han tratado de realizarla en todas las cosas, sino que a menudo han vivido según sus gustos, a su manera, han obrado y se han comportado contra Tu querer. Por su desobediencia yo Te ofrezco una perfecta unión del corazón muy querido de Tu Hijo con tu Santísima Voluntad y su profunda sumisión, habiendo sido Él obediente hasta la muerte. Amén.


Danos hoy nuestro pan de cada día… Yo Te ruego, Padre Bueno, perdona a las pobres almas porque ellas han recibido muchas veces el Santísimo Sacramento del Altar sin un vivo deseo, sin atención, sin ardiente amor y hasta indignamente, y con gran descuido al recibirlo. Por todos estos pecados suyos yo Te ofrezco la gran Santidad y Devoción de Jesucristo, Hijo Tuyo, como también su ardiente Amor, con el cual nos ha entregado este bien tan adorable. Amén.


Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden… Yo Te ruego, amadísimo Padre, perdona a las pobres almas del Purgatorio todos los pecados de los cuales están cargadas, de los siete pecados capitales, y sobre todo, porque ellas no han amado a sus enemigos y no los han querido perdonar. Por estos pecados yo Te ofrezco, la amorosa plegaria, que Tu Hijo Te ha dirigido desde la Santa Cruz por todos sus enemigos. Amén.


Y no nos dejes caer en la tentación… Yo Te ruego, clementísimo Padre, perdona a las pobres almas porque ellas muchas veces no han opuesto ninguna resistencia a las tentaciones y a sus pasiones sino que han seguido al enemigo maligno y han satisfecho los deseos de la carne. Por toda esta variedad de faltas y pecados yo Te ofrezco su Santísima Vida, sus fatigas, su trabajo y su amarguísima Pasión y Muerte. Amén

viernes, 6 de noviembre de 2009

miércoles, 4 de noviembre de 2009

(Diario de Santa Faustina #1226)

(Diario de Santa Faustina #1226): “Hoy, tráeme a las almas que están en la cárcel del Purgatorio y sumérgelas en el abismo de Mi misericordia. Que los torrentes de mi sangre refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por Mí. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a Mi justicia. Está en tu poder llevarles alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de Mi Iglesia y ofrécelas en su nombre... Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con Mi justicia.

ORACIÓN PARA ALCANZAR LA GRACIA DE EJERCITAR LA MISERICORDIA HACIA EL PRÓJIMO.


ORACIÓN PARA ALCANZAR LA GRACIA DE EJERCITAR LA MISERICORDIA HACIA EL PRÓJIMO. ¡ Deseo transformarme en tu misericordia, y ser un vivo reflejo de Ti, Oh Señor !. Que este más grande atributo de Dios, es decir, su misericordia; pase a través de mi corazón y mi alma hacia el prójimo. -Ayúdame Señor; a que mis ojos sean misericordiosos para que yo jamás sospeche o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle. - Ayúdame Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos. - Ayúdame Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás critique a mi prójimo, sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos. - Ayúdame Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí, las tareas más difíciles y penosas. - Ayúdame Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo. - Ayúdame Señor, a que mi corazón sea misericordioso, para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie rehusaré mi corazón. Seré sincero incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad. Yo mismo me encerraré en el Misericordiosísimo Corazón de Jesús. Soportaré mis propios sufrimientos en silencio. Que tu misericordia Oh, Jesús, repose dentro de mí. Jesús mío, ¡Transfórmame en Ti, porque Tú lo puedes todo !

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