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viernes, 28 de octubre de 2011

Redimir al cautivo.

"JESUS YO CONFIO EN TI"
Redimir al cautivo. 
Jesús quiere que visitemos a los que están presos, porque muchos de ellos están arrepentidos del mal que han hecho, tal vez en un momento de delirio, o conscientemente, pero que ahora, razonando, se dan cuenta de que cometieron un error.
El encarcelado se siente rechazado por Dios, y necesita que alguien le diga que Dios lo ama y que también murió en la cruz por él.
¿Quién de nosotros no ha cometido nunca un pecado grave? Tal vez alguno no lo haya cometido. Pero por ejemplo, faltar a misa un domingo sin razón seria, es ya pecado grave o mortal que merece el Infierno eterno. Esto no lo persigue la justicia humana, pero el pecado mortal es mayor mal que todos los males de todos los tiempos.
No nos meterán en la cárcel por faltar a Misa, pero el mal que hacemos es digno de la más horrible cárcel: el Infierno.
Por eso tengamos compasión para los que han pecado mortalmente en otros mandamientos, y demos gracias a Dios que no nos ha puesto a prueba, porque lo que hacen los hombres más malvados, lo podríamos hacer perfectamente nosotros, y más todavía, si Dios nos dejara de su mano.
Entonces aquí se debe emplear muy bien el mandato de Jesús de no juzgar a nadie, porque nuestro ojo es miope y no conoce los porqués del obrar humano.
Lo que tenemos que hacer para ser buenos hijos de Dios y no merecer la condena en el Juicio Final, es visitar y alentar a los que están presos, porque nosotros muchas veces somos más pecadores que ellos, y estamos libres.
Aquí también es el momento de recordar lo que ha dicho el Señor, de que muchos últimos en la tierra, serán primeros en el Cielo. Porque un preso, un delincuente, un ladrón u homicida, que en la cárcel entre en sí y se arrepienta, podrá tener más mérito que uno que está libre, pero que tiene en su alma peores pecados.
Así que seamos misericordiosos con todos, poniéndonos por un momento en los zapatos del otro para ver la vida desde esa óptica. No otra cosa es lo que ha hecho Dios por los hombres, al encarnarse.
Jesús, en Vos confío.

Redimir al cautivo.

"JESUS YO CONFIO EN TI"

Redimir al cautivo.






Jesús quiere que visitemos a los que están presos, porque muchos de ellos están arrepentidos del mal que han hecho, tal vez en un momento de delirio, o conscientemente, pero que ahora, razonando, se dan cuenta de que cometieron un error.






El encarcelado se siente rechazado por Dios, y necesita que alguien le diga que Dios lo ama y que también murió en la cruz por él.






¿Quién de nosotros no ha cometido nunca un pecado grave? Tal vez alguno no lo haya cometido. Pero por ejemplo, faltar a misa un domingo sin razón seria, es ya pecado grave o mortal que merece el Infierno eterno. Esto no lo persigue la justicia humana, pero el pecado mortal es mayor mal que todos los males de todos los tiempos.






No nos meterán en la cárcel por faltar a Misa, pero el mal que hacemos es digno de la más horrible cárcel: el Infierno.






Por eso tengamos compasión para los que han pecado mortalmente en otros mandamientos, y demos gracias a Dios que no nos ha puesto a prueba, porque lo que hacen los hombres más malvados, lo podríamos hacer perfectamente nosotros, y más todavía, si Dios nos dejara de su mano.






Entonces aquí se debe emplear muy bien el mandato de Jesús de no juzgar a nadie, porque nuestro ojo es miope y no conoce los porqués del obrar humano.






Lo que tenemos que hacer para ser buenos hijos de Dios y no merecer la condena en el Juicio Final, es visitar y alentar a los que están presos, porque nosotros muchas veces somos más pecadores que ellos, y estamos libres.






Aquí también es el momento de recordar lo que ha dicho el Señor, de que muchos últimos en la tierra, serán primeros en el Cielo. Porque un preso, un delincuente, un ladrón u homicida, que en la cárcel entre en sí y se arrepienta, podrá tener más mérito que uno que está libre, pero que tiene en su alma peores pecados.






Así que seamos misericordiosos con todos, poniéndonos por un momento en los zapatos del otro para ver la vida desde esa óptica. No otra cosa es lo que ha hecho Dios por los hombres, al encarnarse.






Jesús, en Vos confío.

Aumento de oración.

"JESUS YO CONFIO EN TI"

Aumento de oración. 
Jesús Misericordioso ayúdame a orar más, y especialmente cuando me siento afligido y angustiado, porque es en esos momentos cuando tengo la tentación de abandonar la oración o, al menos, de rezar menos, siendo que Tú, cuando estabas sufriendo la agonía en el Huerto de los Olivos, orabas más intensamente cuanto más sufrías.
Jesús, ten compasión de mí, que el demonio es muy astuto y me quiere llevar por el camino de la perdición eterna. Sólo Tú puedes vencerlo, porque eres Dios. Por eso te ruego encarecidamente que me protejas del enemigo infernal, y para ello prometo venerar tu Imagen, ya que Tú mismo has prometido que quien la venere obtendrá la victoria sobre todos sus enemigos ya aquí en la tierra.
Jesús, Rey de Misericordia, ayúdame a entender que a veces no tengo que rezar con los labios y con oraciones hechas, sino con mis palabras y con el corazón, y especialmente rezar así en los momentos de congoja, para pedirte auxilio y recostar mi frente cansada sobre tu pecho amorosísimo.
¡Te amo, Jesús Misericordiosísimo, y confío para siempre en Ti!

Dios nos ama.

"JESUS YO CONFIO EN TI"


Dios nos ama.







Nada hay tan efectivo en la vida espiritual como el estar convencidos de que Dios nos ama siempre, y que todo lo que permite en nuestra vida es siempre movido por su amor hacia nosotros.






En muchos mensajes de la Virgen se habla de futuros castigos si la humanidad no acepta los llamados del Cielo y no se convierte. Pero debemos saber que si Dios castigará a este mundo, nunca Él lo hace por odio, sino que hasta la misma Justicia divina es movida por el amor de Dios.






Hasta los condenados del Infierno deben reconocer que Dios fue bueno con ellos, porque si bien el Infierno es espeluznante y en la tierra no nos podemos hacer una idea de lo que es él, siempre será verdad de que hasta los condenados hubieran merecido un lugar peor.






Por eso el sabernos amados por Dios, nos debe dar mucha confianza en Él, no para seguir pecando impunemente, sino para aprovechar de su bondad y ser cada vez mejores y más semejantes a Él.






Lo que sucede es que muchas veces no entendemos las cosas que pasan porque no vemos con ojos de fe, con los ojos de Dios, sino con nuestros ojos humanos y carnales. Y cuando sucede una desgracia, por ejemplo un accidente donde mueren muchas personas, creemos que es una injusticia. O cuando Dios castiga con alguna calamidad a este mundo, somos tentados a juzgar a Dios con dureza.






Pero lo que sucede es que no tenemos conciencia de lo que significa la condenación de un alma. ¿Acaso es mejor salvar cuerpos que almas? Es preferible que mueran los cuerpos antes que las almas. Y Dios no puede permitir que sigan condenándose infinidad de almas. ¡No! Dios enviará un castigo donde perecerán muchos cuerpos, pero se salvarán muchas almas, que en medio del sufrimiento, recapacitarán, y en el último instante volverán a Dios y se salvarán.






Recordemos, entonces, que hasta los más graves castigos sobre el mundo, son siempre movidos por la compasión, la misericordia y el amor de Dios, que quiere que todos los hombres se salven, porque una sola cosa es importante: salvar el alma.

lunes, 17 de octubre de 2011

cristo De las AMPOLLAS EN MERIDA

"JESUS YO CONFIO EN TI"

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