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sábado, 6 de diciembre de 2014

Mensaje espiritual

"JESUS YO CONFIO EN TI"

Mensaje espiritual 

Tiempo. 
Nos acercamos a fin de año, y por gracia de Dios estamos vivos todavía, Dios no nos ha llamado a juicio aún, y tenemos tiempo de acumular tesoros en el Cielo, haciendo buenas obras en la tierra.
¡Quién sabe si el nuevo año que comenzará no será el año en que tengamos que partir hacia la eternidad! Por eso tenemos que hacer el propósito de que así como cada día vivido, debemos vivirlo como si fuera el último; así también este año que comienza dentro de poco, tenemos que vivirlo como si fuera el último, porque quizás lo sea, no sabemos.
Dios no nos quiere decir cuándo será el día y el año de nuestra muerte, para que estemos siempre preparados, es decir, en gracia de Dios y haciendo obras de misericordia y caridad, siendo buenos con todos, perdonando a los que nos ofenden, y caminando por la tierra pero mirando al Cielo, que será nuestra morada definitiva si somos fieles a Dios.
Aprovechemos el tiempo, porque no sabemos cuánto viviremos todavía en este cuerpo mortal, y tratemos de preocuparnos por los bienes materiales sólo lo necesario, y más bien trabajemos por los bienes espirituales, que son los que no perderemos con la muerte.
Tenemos que hacer caso a San Pablo que nos dice que todo lo que hagamos, absolutamente todo, lo hagamos para gloria de Dios, ya sean cosas materiales, o espirituales, o lo común y corriente de cada día.
Dios es muy bueno por habernos dado la existencia, y sería una verdadera lástima que la desaprovechemos, o peor aún, que hagamos de ella un motivo de condenación y no de salvación.
Pensemos estas cosas en este final y comienzo de un período de gracia y don de Dios.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,

"JESUS YO CONFIO EN TI"

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,
"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario

 
Sed de amor. 
583 (50) En una ocasión vi a Jesús sediento y a punto de desfallecer, y me dijo: Tengo sed.  Cuando le di agua al Señor, la tomó, pero no la bebió y desapareció inmediatamente; estaba vestido como durante la Pasión. 
Comentario: 
Si bien el Señor en su Pasión tenía sed de agua, la sed que abrasa el corazón de Jesús es la sed de amor, porque Él es el Amor mismo, y necesita ser correspondido con el amor de sus criaturas. ¿Acaso no creó a los ángeles y a los hombres para volcar en ellos su amor y ser correspondido por ellos? Pero una gran cantidad de ángeles, alrededor de una tercera parte, no quiso obedecer a Dios y se rebeló a su amor, y arrastró también con ellos a la humanidad entera.
Pero Dios, como ama infinitamente al hombre, quiso dar una nueva oportunidad a la humanidad, y envió a su Verbo, Jesucristo, para que restituyera el equilibrio perdido.
Ahora Dios quiere recibir amor, porque Él lo tiene absolutamente todo, pero no tiene nuestro corazón, que a veces lo tenemos ocupado con mil amores inferiores, pero no con el amor divino.
Dios tiene sed, pero de amor. No regateemos con Él y entreguémosle nuestro corazón, que en recompensa Dios hará verdaderas “locuras” por nosotros y por quienes amamos.

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