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miércoles, 6 de octubre de 2010

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,


"JESUS YO CONFIO EN TI"


Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario
El ayuno.
530 JMJ En honor de la Santísima Trinidad

Pedí a la Madre Superiora [193] el ayuno de cuarenta días, tomando una vez al día una rebanada de pan y un vaso de agua; sin embargo la Madre Superiora no me dio permiso para cuarenta días, sino para siete días, de acuerdo con la opinión del confesor [194]. “No puedo exonerarla del todo de las tareas, debido a que otras hermanas podrían notar algo; hermana, yo le doy permiso de dedicarse, en la medida en que pueda, a la plegaria y de tomar apuntes de algunas cosas, pero me será mas difícil arreglar lo del ayuno, de verdad, aquí no logro inventar nada.” Y dijo: Retírese, hermana, quizá me ilumine alguna luz. En la mañana del domingo comprendí interiormente que cuando la Madre Superiora me había destinado a la puerta a la hora de comer, pensó en darme la oportunidad de ayunar. Por la mañana no fui a desayunar, pero poco después fui (8) a la Madre Superiora y pregunté: Si estoy en la puerta será fácil no llamar la atención con mi persona. Y la Madre Superiora me contestó: Cuando la destinaba [195] pensaba en esto. En aquel momento comprendí que el mismo pensamiento yo lo había sentido dentro de mí.
Comentario:
El ayuno es muy importante para el desarrollo de la vida espiritual. Si Jesús se preparó a su gran misión con cuarenta días de ayuno, es evidente que el ayuno es muy recomendable para disponerse a grandes cosas.
La Virgen, Reina de la Paz, pide hacer ayunos a pan y agua los viernes, y de ser posible también los miércoles. Podemos hacer el propósito de comenzar con esta práctica que, si la Virgen la pide, será porque es muy importante.
La misma Virgen ha dicho en uno de sus mensajes que con la oración y el ayuno podemos detener las guerras, y obtener todo de Dios. Es más, ha dicho que con el mensaje que nos ha dado sobre la oración y el ayuno, ya no tiene más qué decirnos, porque con esas dos cosas ya podemos alcanzar todo de Dios.
Si no nos es posible ayunar, porque estamos enfermos o por algún otro motivo, entonces hagamos siempre pequeños sacrificios, pequeñas renuncias; privarnos de un postre, comer un bocado menos, etc., y así nos iremos fortificando en la voluntad y con esa sencilla penitencia, no solo nos santificaremos, sino que obtendremos gracias para nosotros y para nuestros hermanos, porque las almas se salvan con la oración y el sacrificio, como lo ha enseñado el Señor.
Jesús, en Vos confío.

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