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martes, 29 de septiembre de 2009

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,



Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario
496 (204) El día de la confesión.
Desde la primera hora empecé a sentir la lucha interior tan fuerte como nunca antes. El abandono total de parte de Dios; sentí toda la debilidad que soy, me agobiaban los pensamientos: ¿Por qué debería abandonar este convento donde me quieren las hermanas y las Superioras?, la vida [es] tan tranquila; ligada por los votos perpetuos, cumplo mis deberes con facilidad; ¿por qué escuchar la voz de la conciencia? ¿por qué seguir fielmente la inspiración? ¿quién sabe de quién proviene? ¿no es mejor comportarme como todas las hermanas? Quizá pueda sofocar las palabras del Señor, sin hacerles caso. Quizá Dios no me pida hacer cuentas de ellas en el día del juicio. ¿A dónde me llevará esta voz interior? Si la sigo, me esperan terribles tribulaciones, sufrimientos y contrariedades; tengo miedo del futuro y en el día de hoy estoy agonizando.
Ese sufrimiento duró el día entero con igual tensión. Al anochecer, al acercarme a la confesión, a pesar de haberme preparado antes, no pude confesarme en absoluto; recibí la absolución, me alejé sin saber lo que pasaba conmigo. Al acostarme, el sufrimiento creció al máximo grado, o mejor dicho se transformó en un fuego que como un relámpago penetró todas las facultades del alma, hasta la médula de los huesos, hasta la más secreta célula del corazón. En ese sufrimiento no lograba hacer nada: Que se haga Tu voluntad, Señor; pero en algunos momentos ni siquiera pude pensar en eso; de verdad, me ahogaba un miedo mortal y me tocaba el fuego infernal. En la madrugada reinó el silencio y los sufrimientos desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, pero sentía un agotamiento tan tremendo que no pude hacer el mas pequeño movimiento; poco a poco me volvían las fuerzas mientras hablaba con la Madre Superiora, pero solamente Dios sabe cómo me sentí durante todo el día.
Comentario:
No nos asustemos con estas palabras de Sor Faustina, porque ellas pueden hacer que tengamos miedo a avanzar en la vida espiritual. Por eso debemos saber que si bien el demonio puede actuar sobre nosotros con miedos, tentaciones y sufrimientos de todo tipo, también es muy cierto que no puede sobrepasar ni un milímetro de lo que Dios le permita. Entonces ¡qué confianza que debemos tener en Jesús que, a pesar de las pruebas, por más terribles que sean, siempre estará a nuestro lado y todas se transformarán en bien para nosotros! Porque como dice la Escritura: “Todo sucede para el bien de los que aman a Dios”. Entonces no tengamos miedo y lancémonos a escalar el monte de la santidad, confiando en Jesús Misericordioso y en la ayuda de María Santísima, que obtendremos la victoria porque tenemos buena voluntad y un deseo sincero de ser santos.
Jesús, en Vos confío.

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