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lunes, 27 de abril de 2009

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,



Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario
443 Una vez oí estas palabras: Deseo que vivas según Mi voluntad en los más secretos rincones de tu alma. Comencé a meditar estas palabras que llegaron hasta lo más profundo de mi corazón. Aquel día había confesión de la Comunidad [176]. Cuando fui a confesarme, después de acusarme de los pecados, el sacerdote me repitió las palabras que antes me había dicho el Señor.
444 El sacerdote me dijo estas palabras profundas: Hay tres grados en el cumplimiento de la voluntad de Dios. El primero: es cuando el alma cumple todo lo que está notoriamente comprendido en los reglamentos y en estatutos de la observancia exterior. El segundo grado consiste en que el alma sigue las inspiraciones interiores y las cumple. El tercer grado es aquel en que el alma, entregándose a la voluntad de Dios, le deja la libertad de disponer de ella, y Dios hace con ella lo que le agrada, porque es un instrumento dócil en sus manos. Y me dijo ese sacerdote que yo estaba en el segundo grado del cumplimiento de la voluntad de Dios, y que no tenía todavía el (185) tercer grado del cumplimiento de la voluntad de Dios; no obstante debía empeñarme para cumplir ese tercer grado de la divina voluntad. Esas palabras penetraron mi alma por completo. Veo claramente que muchas veces Dios da a conocer al sacerdote lo que pasa en el fondo de mi alma; eso no me sorprende nada, más bien agradezco al Señor que tiene a estos elegidos.
Comentario:
Es muy importante cumplir la voluntad de Dios, porque seremos más santos en la medida en que mejor cumplamos con la divina voluntad. La voluntad de Dios está manifestada en los Diez Mandamientos, en las enseñanzas de Jesús en el Evangelio, en los mandamientos de la Iglesia. También en Dios hay como dos voluntades: una voluntad positiva, es decir, lo que Dios quiere; y una voluntad permisiva, es decir, lo que Dios permite. Nosotros debemos adherirnos firmemente a cualquier voluntad de Dios, o sea, a lo que Dios quiera o permita que nos suceda, y así cumpliremos la voluntad divina y seremos santos. Y nuestro objetivo es hacernos como niños, abandonados en las manos del Padre eterno, dejándole hacer de nosotros cuanto a Él le plazca, que todo será para nuestro bien, porque Dios todo lo que hace o permite, lo hace o lo permite por amor, por su Misericordia infinita.
Jesús, en Vos confío.

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