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martes, 7 de julio de 2009

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,



Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario
472 Al día siguiente, durante la Santa Misa, antes de la elevación, aquel espíritu empezó a cantar estas palabras: Santo, Santo, Santo. Su voz era como miles de voces, imposible describirlo. De repente mi espíritu fue unido a Dios, en un momento vi la grandeza y la santidad inconcebibles de Dios y al mismo tiempo conocí (195) la nulidad que soy de por mí. Conocí más claramente que en cualquier otro momento del pasado, las Tres Personas Divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Sin embargo su esencia es Una, como también la igualdad y la Majestad. Mi alma se relaciona con las Tres Personas, pero no logro explicarlo con palabras, pero el alma lo comprende bien. Cualquiera que esté unido con una de estas Tres Personas, por este mismo hecho está unido con toda la Santísima Trinidad, porque su unidad es indivisible. Esa visión, es decir, ese conocimiento inundó mi alma de una felicidad inimaginable, por ser Dios tan grande. Lo que he descrito arriba, no lo vi con los ojos, como anteriormente, sino dentro de mí, de modo puramente espiritual e independiente de los sentidos. Eso duró hasta el fin de la Santa Misa.
Ahora esto me sucede a menudo y no solamente en la capilla, sino también durante el trabajo y cuando menos lo espero.
Comentario:
Estas cosas que ven y experimentan los santos, nos dicen y no nos dicen nada, porque es imposible explicar las cosas sobrenaturales con palabras humanas, hay que vivirlas. Y entonces nosotros tenemos que hacer la experiencia, debemos tratar de ser santos para experimentar las dulzuras y bondades que Dios tiene preparadas para quienes lo aman. Aquí sucede como cuando los primeros discípulos encontraron al Señor y le preguntaron dónde vivía. Él les respondió: “Vengan y verán”. Así sucede con la santidad, no se puede explicar lo que uno experimenta en la vida mística y solo quien la vive puede entender. Hagamos el esfuerzo de escalar el monte de la santidad, porque es grande el premio que nos espera ya en este mundo, y luego en el Cielo será la Felicidad sin límites que ni siquiera nos podemos imaginar.
Jesús, en Vos confío.

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